• Biología

    Biología

    El átomo, macromoléculas biológicas (carbohidratos, lípidos, proteínas, ácidos nucleicos), biología celular, cáncer

  • Fármacos

    Fármacos

    Fases en el desarrollo de fármacos, farmacodinámica, farmacocinética, toxicología

  • Nanomedicina

    Nanomedicina

    Introducción a la nanotecnología, herramientas de diagnóstico, liberación de fármacos, medicina regenerativa

  • Miscelánea

    Miscelánea

    Ampliación de temas diversos tratados en otras secciones

3.2. Carbohidratos

0 comentarios
La gran mayoría de la gente se encuentra más que familiarizada con el primer tipo de macromoléculas que vamos a estudiar: los carbohidratos. Y ello se debe a que se trata de uno de los principales protagonistas en muchísimos tipos de dietas, tanto en las de bajo contenido en este macronutriente para aquellos que buscan pérdida de peso, como aquellos que necesitan un gran aporte energético en su vida diaria, como es el caso de los deportistas.
Los carbohidratos desempeñan muchas funciones en las plantas, animales y el ser humano, siendo parte esencial en nuestra alimentación, al proporcionar energía (4,3 Kcal/g) al organismo, principalmente a través de la glucosa.
Entre las fuentes naturales ricas en carbohidratos encontramos las verduras, frutas y cereales.
Su estructura molecular se representa mediante la fórmula (CH2O)n, donde n nos indica el número de átomos de carbono en la molécula. Por tanto, en los carbohidratos la proporción C, H, O siempre va a ser de 1:2:1.
Este tipo de macromoléculas se clasifica en tres tipos: monosacáridos, disacáridos y polisacáridos.


Monosacáridos

Los monosacáridos son moléculas que pueden adoptar tanto forma de cadena lineal como de anillo, encontrándose estos últimos normalmente en soluciones acuosas.
Se trata de azúcares simples (mono-: uno, sacar-: dulce), siendo la glucosa el más común de todos ellos. La gran mayoría de ellos se denominan con el sufijo “-osa” conteniendo un número de átomos de carbono que varía entre tres y siete. Así, hallamos por ejemplo, la triasa (3 carbonos), la pentosa (5 carbonos) o la hexosa (6 carbonos).
Si cuentan en su estructura con un grupo aldehído[1] el monosacárido se conocerá como aldosa, en cambio se denominará cetosa si el grupo funcional que posee es una cetona[1].

La glucosa (C6H12O6) es una de las fuentes energéticas primordiales del ser humano de la cual se va a liberar energía durante la respiración celular, empleándose dicha energía para la fabricación de ATP (trifosfato de adenosina)[2]. Las plantas van a sintetizar la glucosa utilizando CO2 y agua, almacenando sus excedentes en forma de almidón, que será catabolizado (descompuesto por las células) al ser consumido por los seres humanos y animales herbívoros.

Entre otros monosacáridos también destacan la galactosa (que forma parte de la lactosa o azúcar de la leche) y la fructosa (forma de azúcar presente en las frutas y la miel). Tanto la glucosa, la galactosa y la fructosa son hexosas y ejemplos de monosacáridos isoméricos al poseer la misma fórmula química (C6H12O6) pero diferenciarse estructural y químicamente debido a las distintas disposiciones de sus grupos funcionales en torno a los carbonos asimétricos[3].
La glucosa y la galactosa pertenecen al grupo que veíamos anteriormente denominado aldosas y la fructosa a las cetosas.
Moléculas de glucosa, galactosa y fructosa

Disacáridos

Los disacáridos (di-: dos) se van a constituir cuando dos monosacáridos se someten a una reacción de síntesis por deshidratación. Durante este proceso el hidrógeno de uno de los monosacáridos se combina con el grupo hidroxilo de otro monosacárido, formando un enlace covalente entre ambos y liberando una molécula de agua. Este enlace covalente se denomina enlace glucosídico, los cuales se dividen en dos tipos: α y β, dependiendo de si el grupo hidroxilo (OH) se posiciona por encima o por debajo del carbono quiral.
Molécula de sacarosa: combinación de los monosacáridos glucosa y fructosa
Entre los disacáridos más habituales se hallan la lactosa, la cual es el resultado de la unión de los monómeros galactosa y glucosa, encontrándose presente de forma natural en la leche. La maltosa, o azúcar de malta, formada a partir de la reacción de deshidratación de dos moléculas de glucosa es otro ejemplo de disacáridos. Pero sin duda, el más común de todos ellos es la sacarosa, o azúcar de mesa, compuesta de monómeros de fructosa y glucosa.


Polisacáridos

Los polisacáridos (poli-: muchos) son largas cadenas de monosacáridos unidos por enlaces glucosídicos. Estas cadenas pueden ser ramificadas o sin ramificar conteniendo diferentes tipos de monosacáridos. Entre los principales polisacáridos destacan el almidón, el glucógeno, la celulosa y la quitina.

Almidón
Las plantas son capaces de sintetizar la glucosa, como comenté anteriormente, a partir de agua y CO2. Cuando su producción sobrepasa las necesidades energéticas de la planta, los excedentes se van a almacenar en forma de almidón en distintas partes de la misma, incluyendo la raíz y las semillas, a las que les proporcionará alimento durante la germinación de las mismas.
El almidón al ser consumido en la dieta por animales y seres humanos es descompuesto previamente por enzimas, como las amilasas salivares, en moléculas de menor tamaño como la glucosa antes de ser absorbida por las células y satisfacer así las necesidades energéticas de éstas.

Glucógeno
El glucógeno, compuesto de monómeros de glucosa, es la forma de almacenamiento de ésta última en los humanos y otros vertebrados. Se le considera el equivalente animal al almidón de las plantas, acumulándose en las células musculares y el hígado.
Cuando los niveles de glucosa en sangre disminuyen se recurre a estos depósitos descomponiendo el glucógeno para liberar la glucosa que lo constituye en un proceso denominado glucogenólisis.
Procesos de glucogénesis y glucogenólisis

Celulosa
La celulosa, constituida también por monómeros de glucosa, es el biopolímero más abundante. Se trata del principal componente de las paredes celulares de las plantas confiriéndolas soporte estructural.
En este tipo de moléculas sus monómeros constituyentes se hallan fuertemente empaquetados dando a la celulosa su típica estructura fibrosa confiriendo a las plantas dos características muy importantes para ellas: rigidez y elevada resistencia a la tracción.
A diferencia del ser humano, los animales herbívoros cuentan en su sistema digestivo con bacterias y protistas[4] que segregan la enzima celulasa, ayundádoles a digerir la celulosa presente en los pastos que consumen, descomponerla en monómeros de glucosa y como consecuencia poder aprovecharla como fuente de energía.
Estructura de la celulosa

Quitina
El cuarto polisacárido a destacar es la quitina. Es un polisacárido con alto contenido en nitrógeno constituida por unidades repetidas de N-acetil-β-glucosamina, un tipo de azúcar modificada.
La quitina es un componente principal de las paredes celulares de los hongos y del exoesqueleto (esqueleto externo) de los artrópodos que protege sus órganos internos.


BENEFICIOS DE LOS CARBOHIDRATOS

Los carbohidratos se componen de elementos tanto solubles como insolubles. Entre los segundos encontramos la fibra, que es principalmente celulosa. La celulosa ayuda a regular el tránsito intestinal y regula la tasa de consumo de glucosa en sangre. Además favorece la eliminación del exceso de colesterol en sangre uniéndose a él en el intestino delgado, y evitando, de esta manera, que forme parte del torrente sanguíneo, excretándose por medio de las heces. Asimismo, las dietas ricas en fibra desempeñan una misión protectora contra la aparición del cáncer de colon.

La glucosa proporcionada por los carbohidratos que consumimos, una vez ha sido descompuesta durante la respiración celular, va a producir moléculas de ATP, que se caracteriza por su rápida aportación de energía al organismo. Como consecuencia, sin el consumo de carbohidratos la disponibilidad de energía instantánea se vería profundamente reducida.
Estructura molecular del ATP

Debido a todas estas razones, eliminar la ingestión de carbohidratos, como algunas dietas hipocalóricas propugnan, con el fin de producir una rápida pérdida de peso se convertiría en un gran error. Para tal objetivo, sería una solución mucho más sensata y saludable el consumo de los carbohidratos adecuados a través de verduras, frutas y cereales en combinación con un contenido equilibrado de proteínas, vitaminas y grasas y la realización de ejercicio adaptado a nuestro estado físico, edad y sexo.




[1] Ambos son compuestos orgánicos caracterizados por contener el grupo funcional carbonilo (C=O), con la diferencia que en los aldehídos este grupo se encuentra unido, al menos, a un átomo de hidrógeno, mientras que, en las cetonas el grupo carbonilo se une a dos átomos de carbono.
[2] Molécula utilizada por todos los organismos vivos para proporcionar energía en las reacciones químicas. Es considerada la moneda energética del metabolismo.
[3] El carbono quiral o asimétrico es aquel que está enlazado con cuatro elementos diferentes.
[4] Organismos normalmente unicelulares de tipo eucarionte (su núcleo celular se encuentra delimitado dentro de una membrana) que por sus características no pueden incluirse en el resto de los reinos de esta clase (animales, plantas y hongos).

Fuentes: OpenStax College, Biology. OpenStax College. 30 May 2013.
              http://medmol.es/glosario/121012glosariomedmol_atp/
              https://kel-tay-lii.wikispaces.com/A.+Intro+to+Phys
              http://chemistry.tutorvista.com/organic-chemistry/oligosaccharides.html
              http://www.entrenasalud.es/glucogeno-y-deporte-un-gran-deposito-de-energia/
              http://www.asturnatura.com/articulos/envoltura-celular/pared-celular.php


Leer más

3.1. Macromoléculas biológicas. Introducción

0 comentarios
Comienzo aquí, con esta breve introducción, un nuevo bloque dentro de esta sección en  la que estudiaremos los cuatro tipos principales de macromoléculas biológicas: carbohidratos, lípidos, proteínas y ácidos nucleicos. Representan los constituyentes fundamentales de la estructura celular, que al combinarse constituyen la mayor parte del peso seco de la célula, llevando a cabo en la misma una amplia variedad de funciones. Se tratan de moléculas orgánicas, por lo que su principal componente es el carbono, al que se añaden el hidrógeno (H), el oxígeno (O), el nitrógeno (N) y otros elementos menores.
Las dos reacciones primordiales que intervienen en la síntesis de las macromoléculas biológicas son las siguientes:

         Síntesis por deshidratación
Los bloques básicos de la mayoría de las macromoléculas son subunidades que se conocen con el nombre de monómeros. Dichos monómeros se combinan mediante enlaces covalentes formando moléculas más grandes (polímeros) para lo cual liberan moléculas de agua como subproductos. A este mecanismo se le conoce como síntesis de deshidratación que significa “unir perdiendo agua”.
Durante estas reacciones, el hidrógeno (H+) de uno de los monómeros se combina con el grupo hidroxilo (OH-) de otro, liberando una molécula de agua. Al mismo tiempo, los monómeros comparten electrones y se unen mediante enlaces covalentes.
Los monómeros no tienen porqué ser siempre del mismo tipo e incluso la misma clase de monómero puede dar lugar a diferentes tipos de polímeros. Por ejemplo, los monómeros de glucosa son los integrantes de sustancias tan diferentes como la celulosa, el glucógeno o el almidón.
Reacción de síntesis por deshidratación

         Hidrólisis
La hidrólisis que significa “disolver en agua” es un tipo de reacción en la que se emplea moléculas de esta sustancia para descomponer los polímeros en sus monómeros constituyentes. En estas reacciones, el polímero se divide en dos componentes: uno de ellos adquiere un átomo de hidrógeno (H+) y el otro un grupo hidroxilo (OH-), ambos procedentes de la ruptura de una molécula de agua.
Reacción de hidrólisis
En estos dos tipos de reacciones pueden intervenir enzimas (un tipo específico de proteínas) cuya función desempeñada se conoce con el nombre de catálisis, la cual consiste en la alteración de la velocidad de una reacción, en los dos casos citados aumentándola.
A través de reacciones de hidrólisis nuestro organismo se encarga mediante la acción de enzimas muy específicas del sistema digestivo de descomponer tanto las proteínas, lípidos y carbohidratos que ingerimos en nuestra dieta en moléculas más pequeñas para que los nutrientes puedan ser absorbidos por las células intestinales. Así, por ejemplo, los lípidos se descomponen mediante la acción de las lipasas, las proteínas lo hacen gracias a enzimas como la pepsina, la peptidasa o el ácido clorhídrico y los carbohidratos mediante la sacarasa, la lactasa, la amilasa o la maltasa.
La descomposición de todas estas moléculas proporciona la energía necesaria para desarrollar las distintas funciones celulares.

Fuentes: OpenStax College, Biology. OpenStax College. 30 May 2013.
              http://www.differencebetween.net/science/health/difference-between-hydrolysis-and-dehydration-synthesis/


Leer más

1.2.4. Optimización de candidatos

0 comentarios
El conjunto de complejos farmacológicos que superan la fase de cribado ha de ser reducido y optimizado según una serie de criterios clave.
Para llevar a cabo una mayor reducción en el número de candidatos los investigadores caracterizan la manera en la que se adhieren a sus blancos. Este proceso de optimización es, por tanto, aplicable solamente en el primero de los enfoques estudiado en la anterior entrada, basado en dianas biológicas.
En el segundo de ellos, el fenotípico, su validación resulta bastante difícil de realizar debido al conocimiento limitado del mecanismo de acción de los compuestos.
Entre los factores más importantes relacionados con el acoplamiento o unión entre los fármacos y las moléculas diana encontramos:

      El grado de afinidad que el complejo tenga con el blanco biológico.

      A cuántos blancos diferentes puede el fármaco unirse.

      Durante cuánto tiempo puede el compuesto permanecer adherido a la diana.

Estos criterios ayudarán a determinar cuál es la dosis más eficaz del fármaco y cualquier efecto secundario no deseado que pueda surgir.
Además, han de eliminarse los candidatos que presenten toxicidad en niveles terapéuticos, los que puedan ser inestables químicamente en solución o estado sólido y aquellos que sean sumamente costosos de sintetizar.
Los complejos que superen estos pasos son examinados por químicos que producirán unos compuestos conocidos como análogos, estructuralmente similares con alguna mejora en los criterios mencionados.

Una de las tareas más importantes desarrolladas durante el proceso de optimización es determinar la correlación entre la estructura química del futuro fármaco y su actividad (QSAR[1]) y de qué manera la primera de ellas afecta a la segunda.
Otro aspecto a evaluarse es la farmacobilidad del compuesto, término con el que se describe la habilidad del fármaco para alcanzar su blanco, acoplarse a él y producir algún tipo de efecto medible. Para conocer la farmacobilidad los científicos hacen uso de la llamada regla de cinco de Lipinski, que establece que un medicamento oral cumplirá su función farmacológica si:

      No contiene más de cinco donadores de enlace por puentes de hidrógeno (número total de enlaces nitrógeno-hidrógeno y oxígeno-hidrógeno, NHs y OHs).

      No contiene más de diez aceptores de enlace por puentes de hidrógeno (todos los átomos de nitrógeno u oxígeno).

      Su peso molecular es inferior a 500 uma.

      Un coeficiente de reparto octanol-agua[2]  (log P) inferior a cinco.



[1] La relación cuantitativa estructura-actividad, es el proceso por el cual la estructura química se correlaciona cuantitativamente con la actividad biológica (unión de un fármaco con un receptor) o la reactividad química (afinidad de una sustancia por otra para producir reacción).
[2] Cociente o razón entre las concentraciones de una determinada sustancia (soluto) en dos disolventes en equilibrio: octanol y agua. Su fórmula viene dada por:  log P = log ( [soluto]octanol  /  [soluto]agua ).

Fuentes: UTAustinX: UT.4.01x Take Your Medicine - The Impact of Drug Development.
              https://es.wikipedia.org/wiki/Relaci%C3%B3n_cuantitativa_estructura_actividad
              https://es.wikipedia.org/wiki/Coeficiente_de_reparto_octanol-agua


Leer más

1.2.3. Cribado de candidatos

0 comentarios
Tras la identificación y estudio pormenorizado de la diana que juega un papel clave en la progresión de la enfermedad, se pasa a una segunda etapa basada en el cribado o selección de los futuros fármacos que actuarán sobre ese receptor. Este enfoque es el responsable del descubrimiento de la gran mayoría de los medicamentos comercializados en la actualidad.

En esta etapa, los científicos pueden tener ya una idea aproximada de la clase de compuestos que podrían unirse adecuadamente o no al blanco biológico, reduciendo así el número de ellos que partirán en el cribado inicial. Este número también se verá disminuido por el empleo de sofware especializado y bibliotecas virtuales que contengan amplia información acerca de los mismos.
Posteriormente, en el cribado llevado a cabo en el laboratorio se emplean equipos automatizados con placas multipocillos (que contienen la diana biológica), en las que se evaluará en un período relativamente corto de tiempo la acción de los distintos candidatos objetos a examen.

En principio, se puede llegar a pensar que cuanto mejor sea la unión complejo farmacológico-receptor, mejor será el resultado obtenido pero no siempre es el caso. Conocer el mecanismo de progresión de una enfermedad y el papel de todas sus dianas se hace casi imposible, por lo que los investigadores han desarrollado una aproximación alternativa al problema, denominada acercamiento fenotípico. Este método emplea un modelo vivo[1] de la enfermedad donde los científicos investigan si, de algún modo, el candidato ha sido capaz de reducir o eliminar los signos de la enfermedad desconociendo los blancos biológicos y sus mecanismos de acción.
La principal ventaja de este enfoque es su mayor potencial para descubrir compuestos farmacológicos de primera categoría. Su inconveniente es que al desconocer el receptor sobre el que actúan se hace más difícil realizar modificaciones químicas sobre dichos compuestos, con lo que también se desconocería cómo estos cambios afectarían a la unión con el blanco terapéutico.

Existe, en cambio, un nuevo tipo de complejos conocidos como biológicos que, en lugar de ser producidos en un laboratorio químico, proceden de sistemas vivos. La mayoría de ellos no se van a adherir a ningún receptor sino que son copias de moléculas existentes en nuestro organismo.
Por ejemplo, la insulina[2] se ha generado mediante ingeniería genética al introducirse en el DNA de colonias bacterianas. Estas colonias al crecer y multiplicarse leen el código genético humano insertado y producen la insulina.
Algunos de estos fármacos biológicos también pueden actuar sobre receptores, diseñándose a la medida anticuerpos y proteínas que se adhieran o interfieran en aquellos elementos causantes de enfermedades en las células.




[1] Estos modelos vivos son células, tejidos celulares o incluso ratones desarrollados para modelizar enfermedades humanas.
[2] Hormona formada por 51 aminoácidos, producida y secretada por las células beta de los islotes de Langerhans del páncreas. Se encarga de la regulación de los niveles de glucosa en sangre.

Fuente: UTAustinX: UT.4.01x Take Your Medicine - The Impact of Drug Development.


Leer más

1.2.2. Identificación de receptores

0 comentarios
El desarrollo de un nuevo fármaco, propiamente dicho, comienza con la identificación y selección de un blanco, receptor o diana biológica sobre la que actúe ese compuesto farmacológico. Estas dianas son habitualmente proteínas a las que el futuro fármaco se une y ejercer, de este modo, modificaciones en las funciones que desempeña.

Las proteínas son los trabajadores y quienes realizan la mayoría de las funciones de las células humanas, por lo que tiene todo el sentido que sea allí donde se adhieran los fármacos para transformar sus actividades, alterar esta actividad ayudará a eliminar o reducir la enfermedad en las células afectadas. También los genes pueden ser objetivo de los fármacos, los cuales son responsables de proporcionar las instrucciones acerca de qué proteínas han de ser creadas y qué tareas llevarán a cabo dentro de la célula.
Las proteínas y genes sobre las que actúan los fármacos no son siempre humanos, ya que se estima que entre el 15 y el 20% de los medicamentos actuales lo hacen sobre proteínas y genes de los patógenos que invaden nuestro organismo causando enfermedades.

El problema con muchas enfermedades es que en su desarrollo pueden verse involucrados cientos de genes y proteínas, con lo que la selección, por parte de los científicos, del receptor que sea clave en la manifestación de la enfermedad se convierte en un elemento fundamental. Para llevar a cabo esta tarea se hace imprescindible el análisis estadístico de una gran cantidad de datos y entre ellos ser capaz de elegir el blanco biológico más adecuado para nuestro complejo farmacológico.

En algunas ocasiones, la simple unión del fármaco a su diana terapéutica es suficiente para eliminar la enfermedad. Por ejemplo, el antibiótico amoxicilina se une a ciertas proteínas en las paredes celulares de las bacterias infecciosas, provocando la ruptura de estas paredes y, en consecuencia, la muerte de dichas bacterias.
Sin embargo, no siempre es tan fácil, ya que aquellas bacterias que han desarrollado resistencia a los antibióticos han logrado modificar las dianas sobre las que actuaban los fármacos correspondientes, perdiendo así su acción terapéutica.
A menudo, otras enfermedades son muy complejas de combatir por el hecho de que son causadas por una combinación de factores medioambientales, genéticos y de estilo de vida, es el caso del Alzheimer.
Por último, hay otras ocasiones en que, tal vez, sea más apropiado un acercamiento “multi-diana” en el que se administren múltiples fármacos sobre un único blanco biológico, un único fármaco sobre múltiples dianas o una combinación de ambos.

Fuente: UTAustinX: UT.4.01x Take Your Medicine - The Impact of Drug Development.


Leer más

1.2.1. Introducción a la investigación de fármacos. Fase previa

0 comentarios
En épocas pasadas, la investigación de nuevos fármacos se realizaba de manera muy diferente a como se lleva a cabo hoy en día. Muchos de ellos eran simples remedios caseros que se transmitían de generación en generación y la gran mayoría descubiertos por accidente. Es el caso de uno de los antibióticos más famosos: la penicilina.
En 1928, Alexander Fleming observó que un cultivo de bacterias estafilococos que estaba estudiando se
contaminó con cierto hongo (penicillium) y cómo el área alrededor de dichos hongos se encontraba libre de esas bacterias. Fue posteriormente Howard Florey quien se dio cuenta del tremendo potencial de la penicilina al aplicarla a soldados heridos durante la II Guerra Mundial.
Aunque de manera mucho menos común, descubrimientos de este tipo todavía ocurren hoy en día, si bien es cierto que sin el enorme impacto que tuvo la penicilina en su tiempo. Actualmente, se sigue un procedimiento más metódico que involucra industrias, investigaciones universitarias, agencias gubernamentales e incluso organizaciones filantrópicas. El desarrollo de medicamentos comienza con el descubrimiento de nuevos fármacos, el cual, se inicia con un número aproximado de 10.000 candidatos potenciales en el que se descartarán 9.999 hasta obtener el mejor de todos ellos, que poseerá el equilibrio más adecuado entre eficacia y seguridad. Esta fase de investigación puede desglosarse, a su vez, en cuatro etapas:

        Prefase de investigación de la enfermedad sobre la que actuará el futuro medicamento.

        Identificar una diana de la enfermedad sobre la que se adhiera el fármaco (denominada diana o blanco biológico o terapéutico).

        Cribado de los compuestos químicos que actúen sobre estas dianas terapéuticas.

        Optimizar estos compuestos hasta producir el principal candidato.
Fases del desarrollo en la investigación de fármacos


FASE PREVIA DE INVESTIGACIÓN

Como has podido comprobar en mi anterior entrada de esta sección, el desarrollo de medicamentos implica un amplio proceso que conlleva un alto coste, tanto en esfuerzo humano como en inversión económica; podrás imaginar, en consecuencia, que antes de embarcarse en el descubrimiento de fármacos es necesario plantearse y resolver un conjunto de preguntas sin las cuales se estaría condenado, sin duda, al fracaso en las investigaciones. Debe, por tanto, poseerse una serie de criterios acerca de los siguientes puntos:

      Cuáles son las necesidades médicas no cubiertas en la actualidad, qué droga puede desarrollarse que permita plantear una solución a una enfermedad cuya curación no existe o su tratamiento es deficitario en estos momentos.

      Tener amplios conocimientos acerca de esa enfermedad sobre la que el futuro fármaco actuará, lo cual incluye desvelar las causas fundamentales que la originan, lo que no es siempre trivial.

      Cuáles de nuestros genes se ven alterados por la enfermedad y cómo ello afecta a la manera en la que éstos codifican las proteínas que producen. Así mismo, de qué manera las interacciones entre estas proteínas son afectadas por esa patología.

       De qué forma las células y tejidos también son dañados.

       Finalmente, cómo el paciente, de modo global, es afectado por la enfermedad objeto de análisis.

En conclusión, se trata de un estudio que parte del descubrimiento del elemento más pequeño sobre el que puede actuar una determinada patología (proteínas y genes), hasta el nivel más elevado (paciente).

Fuentes:  UTAustinX: UT.4.01x Take Your Medicine - The Impact of Drug Development.
               UC San Diego: Drug Discovery, Development & Commercialization.


Leer más